No hay verdad más verdadera que la falsa realidad de una vida llevadera. Que la vida es traicionera y cobra así gratuidad: no hay verdad más verdadera.
Unas con otras, acoplando voy tristuras al incesto de mis amarguras; unas por otras, componiendo engendros de ironía, traen mis cuitas del revés como alegría.
Que nadie me quite el cachito de dios que al nacer con mi muerte me dieron. Siempre tuve por arte no dejar títere con cabeza y aún sigo en gracia de probar bajo ese filo la mía. Todo ser tiene su ciencia, toda ciencia su nada y en mitad, el muladhara, de una obra desatada sin abono de calmantes. Vestir cada mañana el uniforme de simio, sentirse en él red sin araña, la eternidad de noche enmarañar hasta otear en el ayer el día después. Laberinto bien amueblado es el cráneo sin techar; el mundo está meditado, solo queda improvisar. Ver los árboles crecer en el polvo que fui y que seré: no pido más para qué.