25.6.16

CÁNCER

Ayer te estuve esperando
como todos estos años.
A ti te sobra mi tiempo
y a mí tu falta de antaños.

21.5.16

ARRIBITA

Entre mis sienes invoco
la gracia del despertar,
medios que justifiquen
el fin de volver a empezar.

20.5.16

AQUEL QUE OS

Toda proteína es prótesis
de un vacío fallido;
todo fonema la carne
de una fosa que late.

Como si dientes 
con el mentís me arrancara
aquí no habla un gran poeta,
ni siquiera uno mediano,
soy solo aquel que os reta
mientras estalla en lo humano.

19.5.16

¿DE QUÉ?

¿De qué vale a uno haber nacido
cuando nunca lo eligió?
Es lícito que un hombre quiera
recuperar la fe en la vida,
pero en el hombre la perderá
si no la busca en sí mismo.

Soldados en sociedad
olvidan pronto los hombres 
la errata que son consigo,
y en milicia de familia
se jactan de lo verdugos
que pueden llegar a ser. 

Cada hijo es hijo de más;
cada progenitor un hijo
que por no ir a menos
de prole su patria funda
la encarnizada franquicia 
(haber engendrado inocentes
no es mejor que masacrarlos).

A treinta y siente grados
la sangre se hiela en vivo:
no vive sino a servir,
no sirve sino a vivir,
la presa del ser embutido
en su pesar.

16.5.16

ÉGLOGA

Refiere el feliz suceso que hubo lugar entre una campesina sorprendida por un gentilhombre mientras aquella dábale paz a la vejiga y este, a hurtadillas, cosechaba beatitudes.


Fue en un campo de amapolas,
entre heridas cuyo llanto
iba piadoso a mamar,
que de pronto descubrí
la micción hecha sonrisa
en la plegaria dispuesta:

«Este supremo convento
que tantas cruces tragó
sólo admite al que está dentro
en penitencia de amor».

¿Qué más le da —supliqué—
a esa hermana fervorosa
volverle la pena rosa
a otro devoto sin flor?

«Si es un duelo, Dios no quiera,
ese fiel lo que padece
hallará cuanto merece
en el prado aquí extendido».

Si bien está el entendido
¿es tendido al campo raso,
bajo las aves de paso,
el de usted consuelo suyo?

«¿Tiene por ojos acaso
un mal puñado de abrojos
para cubrir en arrojos
esta corola que amaso?»

Novicio amparado sería
ese clavo del tormento
si al doliente al fin pusiera
en sagrado acogimiento.

«Sígame, pues, peregrino,
no achante más su destino,
que tiene quien por delante
le vaya abriendo el camino».