15.3.11

ANHELO

Anhelo no es merecimiento,
pero tu ausencia lo merece:
sin ti soy más quejoso
y menos verdadero;
culpable de sufrirme
por decir lo que el silencio
anuncia con viveza
y pide sin estorbo.


LÁGRIMAS RADIACTIVAS

Ni el eructo de un colibrí
ni el estornudo de una azucena
explicarían la grotesca torpeza
de mis ausencias de vida
entre calambres de inspiración.

La expresión de un bebé borracho
o el suspiro de un cachalote
sólo podrían engordar
mi serenidad cadavérica.

Que un león se arranque los colmillos
mientras una luciérnaga teme
el resplandor de sus tripas
me parece lo más natural:

porque sin dejar de mirarte,
sin dejar que tú me mires,
sigo soñando tu piel...
espejo mío.


3.3.11

ALTAR DE ÁNGEL CAÍDO

Ella sabe por qué...


Desde muy pequeño,
sentir que la vida era eso
que les pasaba a los otros
fue mi seña de identidad.

Al ir creciendo,
no sin dolor, descubrí
que la vida se obstinaba
en secuestrarme
con inagotables demandas
y molestos requerimientos.

Sólo ahora,
derrumbado entre tus besos,
sin más locura que ganar
ni menos razón que perder,
puedo empezar a pensar
que además de un purgatorio,
de un ridículo accidente
o de un cruel disparate,
vivir parece ser fabuloso.


2.3.11

LUNARES CUENTO

Desierto en mí de mí
bajo la manta que entierra
mi cautiverio de escarcha.
Botones de consuelo
en tus lunares pulso
y de cabeza cuento
el encendido recuerdo
de la lengua que lo derrite.


17.2.11

PARÁBOLA DEL PERFECTO DESCABEZADO

Cortaré mi cabeza feraz
inseminada de galaxias
y con ella, deleitoso, rodaré
sobre un campo de dudas
de donde brotará un lozano roble
que dejaré crecer sin tacha
sólo para talarlo.
Con la leña del árbol caído
asaré a fuego lento
el resto de mi cuerpo,
que en perversa ceremonia
ofreceré a las Moiras
como un manjar celestial
que entre múltiples orgasmos
excretarán convertido
en una melodía irresistible,
ladrona de la razón,
de todo aquel que la escuche.
Ebrios danzarán
hasta el desmayo
de amor y de muerte
los privilegiados,
pero al volver en sí
no concebirán más deseo
que un sagrado furor
de arrancarse las cabezas
y sembrarlas de inmediato
en un campo de dudas
de donde brotarán lozanos robles
que dejaré crecer sin tacha
sólo para talarlos.